Zorionak! Eman diezaiogun zentzua informazio honi...
Osatu berrikuspena informazio baliagarri eta egiaztatuarekin, beste erabiltzaile batzuek erreferentzia baliotsu eta interesgarri bat aurki dezaten.. Erabili formatu egokia, egiaztatu ortografia eta arreta jarri kalitateari. Informaziorik gabeko gailurrak administratzaileek ezabatu ditzakete..
Cividad (787 m) es una montaña de hermosa presencia, inscrita en la zona de influencia de los montes de Izki aunque situada al sur y fuera de los límites del parque natural. Sus laderas boscosas, tendidas al norte y al este, se desploman hacia la vertiente contraria en un potente acantilado rocoso a cuyos pies se desliza un joven río Ega, nacido apenas unos kilómetros atrás en las faldas septentrionales de la sierra de Toloño.
En su recorrido hacia las vecinas tierras navarras, el Ega ha precisado labrar en la dura caliza la Hoz de Angostina, un estrecho desfiladero por donde el río se abre paso en paralelo a la carretera hasta dilatarse en la vega abierta al norte de la Sierra Txikita, donde se asientan los pueblos de Marañón, Cabredo y Genevilla.
Además de por sus importantes valores naturales, al ubicarse entre el espacio protegido alavés del Parque Natural de Izki y el navarro de la ZEC "Sierra de Codés", aunque fuera de los límites de ambos, Cividad (787 m) merece una visita por el interés añadido desde el punto de vista arqueológico e histórico que le proporciona el castro prerromano que ocupa su superficie cimera, recogido ya, con el número de documento 3.515 (pág.250), en la "Carta Arqueológica de Álava" publicada en 1987 por el Instituto Alavés de Arqueología.
Castro de Cividad
Hay que suponer que correrían en esa época, hace casi 3000 años, tiempos especialmente turbulentos para que un grupo de personas procedentes de territorio centroeuropeo decidiera asentarse de manera permanente en la cumbrera de este cerro, sin duda inhóspito pero relativamente fácil de defender. El emplazamiento del castro prerromano de Cividad domina visualmente desde un imponente risco, inaccesible por esta vertiente, el angosto desfiladero labrado a sus pies por el río Ega, probable vía de paso natural de personas o grupos humanos, presuntamente hostiles, a quienes convenía vigilar en prevención de posibles incursiones.
Para defender los flancos septentrional y oriental de la montaña, mucho más tendidos y vulnerables, los habitantes del poblado levantaron sobre la amplia línea de cresta, a lo largo de más de 700 metros, una compacta muralla de piedras que, según los expertos y a tenor del volumen de escombros generado tras su demolición, tendría alrededor de tres metros de ancho y hasta cuatro metros de altura en algunos puntos, posiblemente rematada y reforzada, como en otros asentamientos similares, con una sólida empalizada de troncos.
Según los estudios realizados, el castro de Cividad permaneció ocupado a lo largo de 800 años, entre los siglos IX y I a.n.e., durante la denominada Edad de Hierro y hasta su conquista por los invasores romanos. El topónimo "Cividad", derivado prácticamente sin alteraciones del latín "civitas", que era la denominación asignada a las "ciudades" o poblados de ocupación mixta hispanorromana, sugiere que el antiguo castro pudo mantenerse habitado aún durante un tiempo indeterminado a partir de su conquista, quizás como atalaya defensiva por sus cualidades panorámicas sobre el camino del Ega, antes de ordenar el traslado definitivo de sus pobladores al llano y la destrucción de la muralla para evitar su uso futuro.
Esta muralla, espectacular cicatriz abierta en medio del bosque, cuyo trazado se aprecia perfectamente en las imágenes aéreas suministradas por los satélites, constituye el único resto reconocible en la actualidad del antiguo castro de Cividad; las posibles viviendas y estructuras del poblado que defendía permanecen ocultas entre la tupida maraña de quejigos, carrascas y boj que cubre el cerro. Precisamente será la propia escombrera pétrea de la muralla, terreno estéril y difícil de colonizar por la vegetación, la vía que nos permitirá atravesar cómodamente la floresta y alcanzar indemnes la cima de esta peculiar montaña alavesa.
La ermita de San Bartolomé
Íntimamente relacionada con el castro de Cividad, la ermita de San Bartolomé es un templo de apariencia rústica y origen románico, estilo del que no se conservan restos visibles. Situada en un altozano arbolado en la margen izquierda del Ega, a la entrada de la Hoz de Angostina, la ermita es un magnífico mirador hacia el abrupto farallón W de Cividad, que presenta desde aquí su apariencia más hosca y atractiva.
El principal interés de este edificio singular reside en el conjunto de lápidas funerarias con epigrafías en lengua latina reutilizadas para su construcción, procedentes del cementerio de la "civitas" hispanorromana establecida en algún lugar próximo a las fértiles vegas del río Ega tras el desalojo del antiguo castro de Cividad. La presencia romana en la zona, evidenciada por la toponimia y por las lápidas epigráficas de la ermita, resulta incuestionable; algunos estudiosos, incluso, llegan a identificar Angostina, con todas las reservas, con una de las "Segontia Paramica" nombradas en los documentos por los cronistas de la época.
A propósito del topónimo de evidente procedencia latina "Angostina", pueblo al que pertenece la ermita de San Bartolomé, dice Patxi Salaberri en su personal trabajo "Araba. Los nombres de nuestros pueblos" (Euskaltzaindia, 2015): "Albertos lo incluye en la «serie de topónimos de diverso tipo cuya base es el latín angustus ‘estrecho’, ‘angosto’». En nuestra opinión se trata de un antrotopónimo; habrá que partir de Augustius, es decir, de *(uilla) augustiana ‘la propiedad de Augustius’ > Angustiana (repercusión y simplificación del diptongo) > Angustina > Angostina."
Aunque alguna lápida rescatada de la ermita se exhibe en el Museo de Arqueología de Álava (procedente del "Museo Incipiente" creado por Federico Baraibar a principios del siglo XX en el antiguo Instituto "Ramiro de Maeztu", actual sede del Parlamento Vasco), la mayoría de ellas se conservan "in situ" y son fácilmente identificables; menos sencilla resulta, para ojos inexpertos, la interpretación de los textos inscritos en las losas, aunque es posible consultar su contenido en diversas fuentes especializadas (J.C. Elorza y Guinea, "Ensayo topográfico de Epigrafía Romana Alavesa", Estudios de Arqueología Alavesa, vol.II. Vitoria, 1967). Nos ha llamado especialmente la atención una inscripción referida a "Baelibio", atribuida a una posible divinidad prerromana relacionada con el río, que nos recuerda al "Bilibio" riojano, encaramado en los riscos de las Conchas de Haro sobre el Ebro.
Marañón. Palacios, blasones y anécdotas geográficas y literarias
Además de su vecindad con el territorio alavés, durante un breve lapso de tiempo Marañón fue incluido en la "provincia de Vitoria", junto con Cabredo, Genevilla, Lapoblación y Zuñiga, en el primer (y fallido) intento de división provincial española realizado en 1822; basado en criterios puramente geográficos, sin tener en cuenta realidades históricas u otro tipo de sensibilidades, este ensayo de organización provincial estuvo vigente apenas un año. En la división provincial propuesta en 1833 por Javier de Burgos, Ministro de Fomento durante la regencia de María Cristina, organización territorial que ha sufrido escasos cambios hasta el periodo actual (hecha la importante salvedad de la creación de las Comunidades Autónomas), los cinco pueblos permanecieron en la "provincia de Navarra" y su pertenencia a Álava se quedó en una simple anécdota.
El edificio más sobresaliente de Marañón es la parroquial de la Asunción, voluminoso templo con aspecto de fortaleza que domina el caserío desde su posición elevada. Al exterior presenta una ornamentada y monumental portada tardorrománica (s.XIII), flanqueada por sendos ventanales abocinados con arcos de medio punto; en el ventanal de la izquierda llama la atención la figura labrada en uno de sus pilares, un personaje provisto de mitra y báculo, símbolos episcopales, que pudiera ser una representación de San Fermín, considerado patrón de Navarra junto a San Francisco Javier.
Existe además una casa blasonada con el escudo de los Maeztu y dos palacios de muy distintas épocas y características. Uno de ellos, el Palacio Cabo de Armería, junto al cauce del Ega, es un oscuro caserón fechado en 1727, utilizado durante muchos años como cuartel por la guardia civil, que ostenta en su fachada de levante un trabajado escudo con las armas de los Hermosa y los Maeztu.
Por su parte, el palacete de Hermosa, situado en el extremo más oriental del pueblo, es un peculiar edificio neoclásico de apariencia romántica, fechado en el siglo XIX, provisto de capilla, observatorio y torre de estilo "rapunzeliano". Protegido por altos muros y oculto por los monumentales árboles centenarios del jardín, entre los que destaca un impresionante cedro, apenas resulta visible desde el exterior. El palacio, que curiosamente ostenta un blasón de los Hermosa, fue propiedad, antes de pasar a los Diez de Ulzurrun, de la vitoriana familia Maeztu, de la que formaban parte el escritor noventayochista Ramiro de Maeztu, su hermana María de Maeztu, pedagoga y directora de la Residencia Internacional de Señoritas de Madrid entre 1915 y 1936, y su hermano Gustavo de Maeztu, pintor reconocido en su época; los tres hermanos cuentan con sendas placas en el callejero de la capital alavesa.
"Auñamendi Eusko Entziklopedia", de Bernardo Estornés Lasa, en la entrada referida a "Maeztu Whitney, Ramiro", refiere que en este palacio pasó una temporada en las postrimerías del siglo XIX, invitado por Ramiro de Maeztu, el escritor Pío Baroja, y que en Marañón terminó de escribir su novela teatralizada "La casa de Aizgorri" (nombre no referido en este caso a la emblemática montaña gipuzkoarra, sino a la imaginaria aldea vasca donde transcurren los hechos narrados en la obra del novelista donostiarra); la novela fue publicada por vez primera en 1900, a instancias del propio Maeztu, en la "Biblioteca Bascongada" creada por el editor salinero Fermín Herrán (uno de los miembros de la familia Herrán, impulsora del Ferrocarril Vasco-Navarro, que da nombre a una de las más céntricas calles gasteiztarras). Enlace a la versión digital de la primera edición de "La casa de Aizgorri", de Pío Baroja, en liburuklik.euskadi.eus.
Ruta circular desde Angostina
Se describe un entretenido itinerario circular, con numerosos alicientes culturales y naturales (Muralla del Castro de Cividad, Ermita de San Bartolomé, lugares de Angostina y Marañón, quejigales, carrascales y marojales del entorno de Izki, Hoz de Angostina,...), utilizando senderos señalizados (GR 1, Ruta de los Castros, PR-NA 180), un tramo de carretera poco transitado, y la senda de la Hoz de Angostina junto al río Ega; poco más de 9 km en total, con desniveles muy llevaderos, que se pueden recorrer relajadamente en 3 horas, sin contar paradas.
Angostina es un pequeño concejo del ayuntamiento de Bernedo, pueblo-calle que alinea su reducido casco urbano a ambos lados de su calle Mayor, vía de paso por donde discurrían en el pasado las rutas hacia Bernedo y Quintana. Inicio junto a la parroquial de Santa Coloma, construcción del s.XVI sobre un primitivo templo medieval. En la plazoleta situada al Norte de la iglesia (670 m), se toma junto al lavadero y el cementerio el camino, señalizado con postes y balizas del GR 1 y de la "Ruta de los Castros/Kastroen Ibilbidea", que se aleja del pueblo en dirección Este, con el cerro Cividad (787 m) bien visible a la derecha.
Las señales nos van a orientar sin dificultad en las sucesivas bifurcaciones para tomar, transcurridos 600 metros desde Angostina, un desvío a la derecha (*) que indica "Cividad 20'". El camino, cómodo y umbrío, asciende suavemente por el bosque hasta localizar junto a un joven mostajo (Sorbus torminalis) una baliza de la "Ruta de los Castros", rotulada a Cividad, que invita a seguir un senderillo entre los bojes.
En realidad, este sendero conduce hasta un panel informativo del castro (ver texto al final de la reseña), situado sobre un tramo muy desdibujado de la muralla, desde donde la continuación hacia la cima de Cividad se antoja dificultosa por la densa vegetación; se puede aprovechar, no obstante, para continuar un corto tramo, a partir del panel, el senderillo que desciende levemente al sur hasta alcanzar una despejada proa rocosa, espléndido mirador natural hacia la Hoz de Angostina y hacia la boscosa vertiente norte de la sierra de Toloño, entre los cresteríos de Lapoblación (1244 m) y Peñalta (1243 m).
Otra vez junto al panel, parece recomendable volver sobre nuestros pasos hasta el pequeño claro donde se encuentra la ya conocida baliza junto al mostajo; situándonos de frente a la señal, obviaremos en este caso el sendero a Cividad indicado por la flecha, para tomar el umbrío camino que se bifurca a su derecha, que en breve ascenso alcanza el inconfundible canchal de la derruida muralla castreña.
Sobre las rocas de la vieja defensa del castro, limpias de vegetación, se avanza cómodamente hacia el W, se rebasa una especie de chozo o parapeto semicircular construido con las propias piedras del muro y se alcanza finalmente un calverillo señalado con un enigmático anclaje metálico sobre una roca del terreno, cuya utilidad en el pasado resulta desconocida para los vecinos de Angostina consultados al respecto; este es el punto exacto que los mapas del IGN acotan como la cima de Cividad (787 m), aunque la cota más elevada, donde se abre una tímida ventana panorámica hacia los cerros boscosos de Urturi y Quintana, se sitúa en realidad unos metros más al oeste.
Se impone desandar el camino hasta recuperar el trazado del GR 1 junto al poste de señales (*) que señalaba el desvío a Cividad, para regresar a Angostina o continuar la ruta propuesta hacia Marañón, distante 2,2 km, tal como indican las palas. El camino, siempre sombreado, afronta una corta pendiente y vuelve a descender hasta abrirse en un amplio claro, junto al esqueleto de una casa en ruinas, al pie de la peña del Castillo de Lapoblación.
Al final del claro, la senda enlaza brevemente con un tramo del PR-NA 180, que seguimos a la izquierda, dirección Cabredo, descartando la invitación por la derecha a Marañón; otra vez dentro del bosque, en un rodal de altos marojos, enseguida aparece un poste del GR 1 que nos orienta a la derecha para descender por el precioso "Camino de Angostina" hasta el viejo depósito de aguas, datado en 1948, situado en la parte alta de Marañón.
Tras el callejeo por el pueblo y la visita a sus rincones más relevantes, remontamos el cauce del Ega, canalizado en este tramo y utilizado hasta hace unos años como piscina fluvial, para cruzarlo por el puentecillo frente al Palacio Cabo de Armería y tomar, junto a un espacio acondicionado con mesas y fuente de frescas aguas, la carretera hacia Bernedo (NA-743); las posibles alternativas para evitar el asfalto obligan a efectuar rodeos con desniveles que, en mi opinión, no compensan el corto paseo junto al río (2 km) por una vía llana, sombreada y poco transitada.
Al alcanzar el límite entre Nafarroa y Araba, un camino a la izquierda salva el Ega por un puentecillo en el merendero de Roñés, espacio acondicionado con mesas y parrillas a la sombra de imponentes hayas. Nada más cruzar el puente, se toma a la derecha el agradable y fresco sendero que, siempre junto al río, remonta la corriente y recorre la estrecha Hoz de Angostina, bajo el escarpado farallón de Cividad. A la altura de una finca cerrada equipada con tiendas, que el camino soslaya por la izquierda, el desfiladero se abre y tropezamos con el trazado del GR 1 entre Angostina y Bernedo, al pie del promontorio donde se alza la ermita de San Bartolomé; un breve y empinado repecho nos sitúa junto a este singular templo, frente a los riscos de Cividad (787 m).
El trazado común de los senderos GR 1 y PR-A 54 "Bernedo-Angostina-Quintana-Urturi", este último lamentablemente deshomologado por falta de mantenimiento, nos devuelve entre huertas a las calles de Angostina.
Acceso: Angostina (30 min)
Panel Ruta de los Castros/Kastroen Ibilbidea - Kastroa - Castro Cividad
"Este castro controlaba el paso por el angosto paso por el que discurre el río Ega, 150 m más abajo, dominando desde esta altura una gran parte del territorio. Allí donde las defensas naturales eran más débiles, construyeron una potente muralla de piedra, en forma semicircular, que aunque hoy cubierta por el escombro de su destrucción, se le puede estimar una anchura de 3 m, teniendo una longitud de 755 m. En la parte noroeste de esta muralla, se construyó un foso excavado en la roca con una anchura de 12 m y una profundidad entre 1,5 y 3 m, en ese punto debió estar la entrada al castro. En el interior del recinto se levantaron las construcciones que albergaron a sus gentes. Se le calcula una superficie de 30624 m2.
La creación de este castro debió realizarse en el inicio de la Edad de Hierro aproximadamente en el siglo IX a.C. pudiendo llegar su vida al comienzo de la romanización de esta zona. Relacionándose con este castro se pueden poner las lápidas romanas que se encuentran incrustadas en la ermita de San Bartolomé, situada al pie del castro, junto al río Ega. Se recomienda su visita.
¿Qué son los castros?
Son poblados fortificados, dotados con fosos, parapetos y murallas, que defendían las viviendas construídas en su interior. Generalmente se situaron en lugares altos, que contaban ya con una protección natural, creada por la propia estructura del terreno. Se poblaron durante el primer milenio antes de Cristo.
Las casas más antiguas se construyeron de madera, piedras y adobes con tejados de ramaje y barro y las más modernas con mampostería. Sus defensas amuralladas se levantaron con piedra y una empalizada de estacas, teniendo unas potentes dimensiones que llegan a poseer anchuras y alturas de varios metros. Actualmente los restos de estas murallas se pueden seguir en varios cientos de metros.
La situación de estos castros en un territorio determinado lleva a pensar en una elección de lugares que garantizase el control territorial, creando una red defensiva. Es curioso observar cómo algunos de estos castros de la ruta están situados en lo que actualmente es el límite entre Álava y Navarra.
¿Qué gentes habitaron estos castros?
A lo largo del tiempo, durante algo más de mil años, fueron gentes de diversas procedencias las que llegaron a estas zonas. En un primer momento, durante el Bronce Final y la Edad del Hierro antiguo, su origen era desde paises centroeuropeos, al que se sumaron a mediados de la Edad del Hierro gentes del mundo celtibérico. Sobre estos grupos actuaría la romanización, ocupando algunos de estos antiguos castros.
El paisaje desde los castros
Actualmente el panorama paisajístico que se puede observar desde estos castros difiere del que pudieron contemplar las gentes que habitaron en ellos en su época. Lo que hoy vemos como extensos campos de cultivo estarían ocupados por densos bosques. Solamente algunos terrenos, en las proximidades de los castros, estarían dedicados a cultivos. Lo más parecido al ambiente boscoso y de fauna sería el actual Parque Natural de Izki, que durante muchos años fue denominado como 'Selva de Izki'."
-
{{track.description}}{{track.distance|distance}} | {{track.altitude_gain|altitude}} | {{track.altitude_loss|altitude}}{{track.author}} | {{track.created_at,'short'|date}} | {{track.completed_at,'short'|date}}
-
Angostina-Cividad-Marañón-Hoz de Angostina-San Bartolomé9,175,065 | 270.67 m | 270.67 mLuis Astola Fernández | 10-07-2022 | 02-07-2022
