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Entre las localidades de Olabarri y Mandaita, al pie de la fachada sur de Badaia, se alzan una serie de cerros calizos cubiertos de encinas, prácticamente invisibles desde el entorno inmediato, mimetizados contra el fondo oscuro y uniforme de las laderas boscosas de la sierra.
En esta ocasión, las fuentes cartográficas oficiales no han sido demasiado generosas con la toponimia del sector y se limitan a mostrar curvas de nivel acotadas pero casi siempre anónimas. La búsqueda de información en las diversas fuentes documentales a nuestro alcance tampoco ha aportado mucha luz sobre el tema. Por el contrario, las pesquisas sobre el terreno, limitadas a preguntar a algún vecino de Olabarri contactado de manera casual, han servido para constatar que la toponimia, al menos en este concejo, se articula más en torno a términos amplios que a lugares o accidentes geográficos concretos; de esta manera, el nombre de las cotas en cuestión quedaría determinado por la denominación general que recibe el término donde se ubican.
Con estos precedentes, a excepción de la cumbre de El Somo (610 m), que sí aparece rotulada en los mapas, podemos enumerar de E a W los cerros de Marremediano (624 m), San Andrés (617 m), Ollazarre (677 m) y Valdéñigo (643 m), todos ellos relieves perfectamente individualizados, dotados de prominencias modestas pero reseñables y, en casi todos los casos, con suficiente interés montañero para dedicarles una visita.
Ollazarre (677 m), quizás más correctamente Olazarre (por contraposición a Olabarri), presenta una silueta atractiva, perfilada por dos llamativas crestas calizas convergentes en la cima, que se asoman a las profundas y tupidas vaguadas abiertas al E y al W del relieve. El lapiaz calcáreo aflora en amplias superficies del monte, aunque sin llegar a dificultar el tránsito; la cubierta vegetal, un denso carrascal acompañado de madroño y enebro, aunque incómodo en algunos tramos, tampoco supone un obstáculo insalvable para alcanzar la cota cimera.
La "Toponimia Alavesa" de Gerardo López de Guereñu registra un escueto "OLLAZARRE, monte de Ollábarre", y el topónimo aparece rotulado también en la versión de 2019 del mapa toponímico de Iruña de Oka.
Desde Olabarri
El singular torreón fortificado junto a la parroquial de San Esteban de Olabarri/Ollávarre (535 m) se erige como la mejor referencia para el inicio de la ruta. Antes o después del paseo, merece la pena curiosear alrededor de este atípico templo para descubrir los numerosos restos que certifican su pasado medieval y su carácter defensivo. En los muros de la espectacular torre almenada (s.XV), convertida en campanario con dos arcos de medio punto, se abren a diferentes alturas saeteras y troneras, además de un reloj de sol sin varilla (datado en 1785) bajo el descomunal reloj circular de cerámica de su fachada sur.
El ábside semicircular de la iglesia muestra una cornisa con canecillos sin labrar de la original obra románica (s.XIII), y la portada de la misma época aparece parcialmente asfixiada por añadidos posteriores en el pórtico; a ambos lados de la portada, se han insertado en el revoque dos dovelas: la de la izquierda, que está colocada cabeza abajo, representa el escudo de los Mendoza y tiene una inscripción casi ilegible que reza "AVE MARIA GRATIA PLENA"; la del lado contrario tiene esculpido un calvario esquemático de aire medieval. En el muro de mediodía de la iglesia se abre un amplio ventanal ojival sin adornos y otro, más pequeño, de aspecto palaciego rematado en arco conopial.
Salimos del pueblo al norte entre la iglesia y el parque infantil para tomar el camino de Marremediano, que llanea entre dos parcelas valladas hasta tropezar con un viejo pabellón agrícola, donde se bifurca; cualquiera de los dos ramales nos sirve, aunque en este caso (ver track) hemos elegido el de la derecha, para desviarnos poco más adelante a la izquierda por un descarnado repecho que enlaza con la enorme brecha del tendido eléctrico que corta la ladera.
A la altura de la primera torre de alta tensión, es posible penetrar a la derecha en el encinar para ascender al cerro de Marremediano (624 m). Siguiendo por el pasillo bajo los cables, se toma el siguiente desvío a la derecha hacia un rincón con labrantíos robado al encinar; tras un breve trecho por la linde del más evidente, superamos por un derrumbe el muro de piedra seca que lo cerca e iniciamos el largo ascenso por la solana de Ollazarre.
En algunos tramos se intuye la traza de una trochilla (hito), que a veces se difumina entre la vegetación, a continuación se despeja por un pasillo abierto en el lapiaz, más adelante se asoma al este desde un púlpito rocoso hacia el oscuro encinar de Badaia o, en la cornisa contraria, a poniente, hacia un paisaje similar, con el horizonte cerrado a mediodía por una sierra de Tuyo aún libre de los artefactos eólicos que la amenazan, uno más de los macroproyectos energéticos que pretenden desfigurar irreversiblemente el paisaje alavés.
En un pequeño apilamiento de piedras cubiertas de musgo, escondido bajo un matorral de carrasca, levantamos un hito para señalar esta inédita e interesante cima de Ollazarre (677 m). Para no tentar a la suerte, que nos ha permitido recorrer sin daños una floresta que presumíamos mucho más arisca, rastreamos para el recorrido de vuelta las escasas referencias ya conocidas en el ascenso.
Acceso: Olabarri/Ollávarre (40 min)
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Olabarri-Marremediano-San Andrés-Ollazarre-Valdéñigo-GR282-Olabarri6,303,979 | 192.35 m | 192.35 mLuis Astola Fernández | 20-04-2025 | 18-04-2025
