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La aldea de Castilseco se recuesta en la ladera de poniente del cerro San Martín (606 m), una colina chata y desforestada, parcialmente cultivada, en cuya cima se presume la existencia en el pasado de algún tipo de fortificación, no documentada y sin restos visibles en la actualidad, que habría dado nombre al pueblo. La denominación del cerro procede de un eremitorio rupestre altomedieval, con indicios de haber sido consagrado en lejana época como ermita bajo la advocación de San Martín de Tours, excavado en un pequeño farallón silíceo al NE de la colina.
A pesar de su evidente modestia orográfica, el cerro San Martín (606 m) constituye un interesante objetivo senderista. Además del sencillo paseo hasta su despejada cumbre, suficientemente elevada sobre las onduladas tierras del Somontano Obarene como para ofrecer dilatadas panorámicas, especialmente coloristas durante la otoñada, el enclave reúne importantes argumentos artísticos y patrimoniales que justifican su visita.
El más destacado, sin duda, es la iglesia románica dedicada a San Julián, parroquial de Castilseco, templo de proporciones admirables datado en los siglos XII-XIII, que exhibe uno de los ábsides semicirculares más hermosos de la geografía riojana; declarado BIC en 1983 con la categoría de Monumento Histórico. Dotado de doble espadaña y una sencilla portada de cuatro arcos ligeramente apuntados, al exterior llama especialmente la atención la profusión de rostros humanos tallados en canecillos y capiteles, que parecen repetirse al interior, y los tres espléndidos ventanales de medio punto abiertos en el ábside, trabajados con enorme maestría y labrados con deliciosas tallas y adornos.
Al final de la reseña, adjuntamos el texto del panel, legible con dificultad, instalado en la plaza del pueblo por el programa de desarrollo rural europeo Leader II, probablemente en fecha anterior a las reformas acometidas en el templo en 2008. Para conocer más sobre Castilseco, su iglesia y su entorno, existe un excelente trabajo de la Doctora en Historia del Arte Minerva Sáenz Rodríguez, titulado "Aproximación al estudio histórico-artístico de la iglesia parroquial de San Julián de Castilseco (La Rioja)" ("Arte medieval en La Rioja. Prerrománico y románico: VIII Jornadas de Arte y Patrimonio Regional". Logroño, 2004. Págs. 365-424), disponible en internet.
Junto a la fachada sur del templo, se aferra a la pendiente un robusto ejemplar centenario de moral o morera negra (Morus nigra), catalogado como Árbol Singular por el Gobierno de La Rioja atendiendo a su tamaño, a su valor estético y a su venerable edad, que supera ampliamente los 125 años; a pesar de mostrar un feo desgarro y algunos signos de pudrición en el tronco, y del pavimento que lo acorrala y asfixia sus raíces desde la última reforma de la iglesia, el árbol presenta de momento un aspecto razonablemente lozano.
La cueva artificial que da nombre al cerro de San Martín abre su boca de entrada, más o menos orientada al sol naciente, a 595 metros de altitud, en el centro de un muro rocoso que recorre las fachadas N y E de la colina, sobre una estrecha terracilla cultivada donde malviven algunos frutales (ETRS89 30T 503603 4717569). Consta de una única estancia rectangular alargada, de unos 12 m2 y 2 metros de altura, considerada por algunos estudiosos (José Luis García Cubillas-Ramón López Domech: "La ermita rupestre de San Martín, en Castilseco. La Rioja". Antigüedad cristiana XXII, págs. 713-718. Murcia, 2006) como el presbiterio de una posible ermita prerrománica, datada en fecha indeterminada entre los siglos IV-X, durante los llamados "siglos oscuros", y utilizada como iglesia del "...primitivo asentamiento de Castilseco, establecido allí como una fortaleza pequeña, al igual que tantos otros en La Rioja."; y añaden: "...la primera impresión es que debió servir como lugar de culto al emplazamiento del cerro, es decir, al castillo, antes de que los habitantes bajaran al llano y construyeran un nuevo lugar con iglesia, antecedente de la románica actual."
Como curiosidad, conviene señalar que los autores del artículo referenciado (por improbable confusión o para sembrarla entre profanos o hipotéticos profanadores) ubican la cueva "...al Norte del mismo (de Castilseco), a unos tres kilómetros de camino, que son algo menos de dos en línea recta...". Lo cierto es que el eremitorio rupestre de San Martín se sitúa en el lugar y las coordenadas indicadas más arriba, a una distancia aproximada de 300 metros al E-SE de la iglesia de Castilseco.
Desde Castilseco
Situado a corta distancia de la monumental Sajazarra, Castilseco (565 m) es una pedanía dependiente del municipio de Galbarruli desde 1833. Tomando como referencia la iglesia de San Julián, se toma la calle descendente que abandona el casco urbano, junto a la fuente y el lavadero, hacia el S y, en la primera bifurcación, se deja la pista que se dirige a la derecha hacia la ermita de Santa María de Cillas y Sajazarra, y se sigue a la izquierda la que se orienta hacia el enclave burgalés de Ternero.
A 300 metros, se toma a la izquierda un carretil hormigonado que cambia bruscamente de dirección y asciende hasta el depósito de aguas construido en la ladera occidental del cerro San Martín; un camino continúa al N hacia una terracilla cultivada que circunvala el cerro en sentido horario, hasta alcanzar el farallón de arenisca donde se abre la boca del eremitorio de San Martín.
Una vez visitada la cueva, se recorre el cortado rocoso por su base hasta que pierde verticalidad, ya en la ladera oriental de la colina. Salvando campo a través los taludes de las terrazas abandonadas que cubren esta vertiente, se alcanza en breve la cima del cerro San Martín (606 m), ocupada en un pasado lejano por alguna fortificación, dependiente del castillo de Cellórigo, erigida para la vigilancia y defensa de los pasos de La Morcuera hacia el Condado de Álava; los terrenos alrededor de la colina dibujan un hermoso mosaico de viñedos a los pies de los peñascos de Obarenes, entre Peña Lengua y los Gembres.
El corto paseo se puede complementar visitando al S, en la raya con Sajazarra, la ermita de Santa María de Cillas, de origen románico, y/o ascendiendo al vecino cerro de Chamamendi (622 m), visible a corta distancia hacia el E (2 horas el recorrido completo). A un par de kilómetros por carretera se encuentra la localidad de Villaseca, entidad local menor dependiente del ayuntamiento de Fonzaleche, con una preciosa iglesia románica dedicada a San Román, hermana de la de Castilseco, enmarcando un encantador recinto cercado de estilo gótico, y un corpulento rollo jurisdiccional datado en 1743.
Acceso: Castilseco (15 min)
Anexo: Texto del panel junto a la iglesia románica de Castilseco
"Castilseco - Iglesia parroquial de San Julián"
"Aunque la iglesia no está documentada, posee caracteres tardíos que inducen a considerar su cabecera como de finales del siglo XII o principios del XIII. La nave y la portada se terminarían ya en un siglo XIII bastante avanzado, al igual que las de Villaseca, iglesia con la que guarda grandes semejanzas.
Consta de la típica estructura de ábside semicircular cubierto con bóveda de horno apuntada, presbiterio rectangular más ancho cubierto con bóveda de cañón apuntada, y nave de tres tramos muy rehecha, enfoscada y cubierta con bóvedas de arista en el siglo XIX, aunque inicialmente se pensó para cubrirse con madera. Cuenta con dos espadañas, una románica sobre el arco triunfal con un hueco de medio punto, parcialmente mutilada, y otra posterior sobre el hastial oeste, de dos huecos de medio punto. En el siglo XVIII se añadió en el muro norte del presbiterio una sacristía y en el centro del muro sur de la nave, un pórtico para proteger la portada.
El ábside semicircular es unos de los más bellos de esta comarca. Es similar al de Villaseca, pero su decoración es mucho más rica. Posee tres ventanas de medio punto entre las que se intercalan cuatro columnas-estribo adosadas que lo dividen en cinco tramos. Las ventanas están decoradas con motivos geométricos y vegetales, lacerías perladas, hojas de helecho, palmetas, líneas ondulantes perladas, cuadrifolios, etc. Las cuatro columnas-estribo terminan en cuatro capiteles, tres de ellos vegetales y otro con dos cabezas coronadas. La cornisa de tejaroz del ábside y del presbiterio posee canecillos decorados con motivos geométricos (rollos) y figurados (rostros humanos).
En el interior, separa el presbiterio de la nave un arco triunfal apuntado con un excelente capitel vegetal en el evangelio y otro con cuatro cabezas humanas en la epístola.
El cambio de cantería al comienzo de la nave parece indicar que la obra se interrumpió al terminar la cabecera y se reanudó años más tarde, por lo que su cronología debe situarse ya en un siglo XIII avanzado. En su interior, esta nave no conserva decoración románica porque se encuentra totalmente reformada. Los canecillos denotan peor calidad, destacando algunos con dobles cabezas (Jano, dios romano relacionado con el mes de enero, con el calendario y con el tiempo). La rústica portada se abre en el tramo central del muro sur, y se realizó en un estilo románico arcaizante, como la de Villaseca."
