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Castellar (669 m) es la cota culminante de la pequeña sierra homónima ubicada a poniente de la ciudad de Zafra (508 m), coronada por una línea de bloques cuarcíticos que le otorgan cierta gracia y vistosidad. Los escasísimos restos esparcidos en algunos puntos de la cresta (pueden pasar desapercibidos, tal el su pésimo estado de conservación) parecen corresponder a una fortaleza construida por los árabes en el siglo XI, con el objetivo de controlar la frontera entre los reinos de taifas de Sevilla y Badajoz. Los datos existentes sobre la posición de este castillo son muy escasos en la actualidad.
La sencilla y entretenida ascensión puede servir de complemento ideal a una visita al casco antiguo de Zafra, declarado conjunto histórico-artístico en 1965, donde destaca, además de las coquetas Plaza Grande y Chica, la colegiata de Santa María de la Candelaria; de estilo gótico, la colegiata cuenta con lienzos de Zurbarán y con un retablo presidido por la Virgen de Valvanera, patrona de La Rioja, cuya presencia está ligada a los pastores trashumantes riojanos, tan habituales en estas latitudes en aquellos tiempos en que los rebaños eran traídos desde el norte a tierras extremeñas a través de la red de Cañadas Reales.
Desde la ermita de la Virgen de Belén
Si bien es posible comenzar la andadura incluso desde las mismísimas calles de Zafra, lo más sensato es acercarse a la cercana ermita de la Virgen de Belén (482 m), emplazada a menos de dos kilómetros de la población junto a la carretera EX-101, que se dirige al sur hacia Fregenal de la Sierra.
Del edificio religioso tomamos un camino que atraviesa un área recreativa y deja a la derecha la que parece ser una antigua casona (con sendas palmeras) en estado de total abandono. La senda penetra en un eucaliptal, acompañada a la derecha por un muro, cuya primera entrada (señalizada como Camino del Pinar) obviamos. No así un poco después, cuando termina el feo vallado con señales de Reserva de caza, donde otra abertura en el muro de piedra permite e invita a pasar a la vertiente de Zafra, más umbría y agradable de recorrer, si bien es posible continuar por el eucaliptal, pues acabaremos confluyendo otra vez en él poco después.
El cambio de vertiente provee de verdor y humedad a la ruta, transcurriendo entre encinas y pinos, con un robusto muro a la izquierda erigido con grandes piedras de granito. Observamos enseguida un curioso palomar cupular, antes de alcanzar una torreta de alta tensión, la cual marca el punto en el cual debemos pasar otra vez (y con pena) a la vertiente del eucaliptal (S), donde no faltan las retamas.
Poco después (0,30) alcanzamos un collado atravesado por una pista de hormigón, lugar donde aparcan algunos zafrenses para comenzar el paseo o para dirigirse a las vías de escalada equipadas bajo los muros de la vertiente septentrional del Castellar. Cruzamos una cancela y nos dirigimos por evidente senda hacia el vértice geodésico de la sierra (664 m), que alcanzamos en unos diez minutos pudiendo elegir la senda que más nos apetezca, dadas las facilidades que permite el terreno.
Desde la señal (0,40), sin embargo, comprobamos que el punto culminante de la sierra se encuentra un poco más al NO, separándonos de él otro promontorio rocoso. Recorremos en delicioso paseo la corta distancia hasta la cima, a la cual nos acercamos sobre las rocas sin contratiempos, haciendo uso de las manos solo en los últimos metros para superar la roca culminante (669 m) (0,55). La visión de Zafra será la que capte nuestra mirada.
El regreso a la ermita de Belén tiene lugar por el mismo itinerario, si bien podemos transitar bajo los cantiles rocosos de la sierra; una senda que habremos percibido en el colladín entre la cota del vértice geodésico y la cima (cerca de unos tímidos y casi imperceptibles restos de la pared del castillo) permite acceder a la umbría de la sierra. Entre las verticales placas de cuarzo, equipadas con material de escalada, observamos un pequeño lienzo de muralla al que podemos acercarnos con un poco de cuidado. Una vez en él, descubrimos los restos sin cubierta de lo que parece haber sido un aljibe.
Superada por debajo la pared sobre la que se asienta la señal geodésica, retomamos la senda de subida, descendiendo al collado de la pista de hormigón y regresando a la ermita de Belén por donde hemos venido. La vuelta total no supera las dos horas de duración, tiempo suficiente para abrir el apetito que saciar con las ricas tapas zafrenses y los excelentes vinos de la Tierra de Barros.
Acceso: Ermita de Belén, Zafra (55 min)
